El tricolor ya no pinta en SLP

En México el problema de la corrupción es gravísimo y ha corroído hasta lo más profundo a las instituciones y está directamente relacionado con el alto índice de impunidad que impera en nuestro país.
Si bien la corrupción no tiene emblema, el Partido Revolucionario Institucional, a lo largo de su historia, ha dado muestra de que es especialista en estas prácticas. Casos como el de Javier y César Duarte, Rodrigo Medina, Tomás Yarrington, Roberto Borge, Andrés Granier y recientemente el caso Lozoya, que salpica hasta las más altas esferas del poder, ni más ni menos al último presidente priista de México, le han valido un tremendo desprestigio ante los ciudadanos.
Pero los escándalos, las críticas y el rencor hacia los malos gobierno del PRI no son nuevos. ¿Cómo es que ese partido ha logrado mantenerse vivo e incluso seguir ganando algunos procesos electorales como la gubernatura de San Luis Potosí? La respuesta puede ser tan sencilla, o tan compleja, como tan profundo estemos dispuestos a mirar.
El Dr. En Ciencias Sociales Luis Daniel Vázquez, investigador de la UNAM y de Flacso México sostiene que las condiciones de pobreza en las que vive la mayoría poblacional en nuestro país hacen que México sea tierra fértil para el clientelismo, una práctica, que, si bien explotan todos los partidos políticos, está casi patentada por el Revolucionario Institucional.
Eso, la estructura construida durante tantos años por el PRI y la forma en la que los electores se han aferrado a lo “conocido” antes de arriesgarse a optar por la alternancia, le han garantizado la supervivencia al tricolor, pero hoy más que nunca, la suerte amenaza con abandonarlo.
El desencanto social le pasa la factura, Ayotzinapa, La Casa Blanca, los gobiernos indiferentes, simuladores, corruptos u omisos en el ejercicio de su función, emanados de sus filas lo han dejado en la lona.
El caso de San Luis Potosí no es diferente, el PRI logró recuperar la gubernatura del estado luego del cuestionado sexenio del panista Marcelo de los Santos Fraga, la gente le volvió a dar la confianza al tricolor en la figura de Fernando Toranzo Fernández, quien dejó a su paso por el gobierno contratos a sobreprecios, compras que violaban las condiciones de legalidad, escándalos y más.
Con todo, logró el objetivo de cada primer priista del estado, pasar la estafeta a otro militante del tricolor, Juan Manuel Carreras, quien por su perfil prometía mucho y lograba que tanto priistas como no priistas pensaran que podría traer consigo, por lo menos, un rumbo claro para San Luis Potosí.
Pero la ilusión duró poco, Carreras es retratado por los potosinos como un gobernador que no ha enfocado su gobierno en las verdaderas necesidades del estado y su ordenamiento como zona metropolitana competitiva con las del resto del país, un gobernador que ha dejado que los proyectos que prometió desde hace 5 años, cuando inició su mandato, sigan pendientes e indefinidos, que no logró aprovechar el tiempo en el que coincidió con un presidente priista, Enrique Peña, para llamar la atención hacia nuestro muy necesitado estado, ni concretar las promesas que el mismo presidente hiciera en eventos públicos, mucho menos ahora con un presidente de oposición. Y mire que ambos presidentes han sido visitantes frecuentes de nuestro estado, este miércoles, ni mas ni menos, San Luis Potosí recibió al Presidente López Obrador y a su gabinete, pero eso no le ha significado ningún beneficio práctico a nuestra entidad, a sus habitantes.
En 2016 luego de los XV años de Rubí, entrevisté al gobernador Carreras y al cuestionarle sobre el exceso de atención que parecía dársele a la fiesta en medio de una crisis de combustible que afectaba a los potosinos, me dijo que un evento como el de Rubí podría marcar a su administración para bien o para mal, no se equivocaba el mandatario, pues al tiempo hay pocas cosas que puedan poner a su gobierno en la mira nacional o internacional.
Y si miramos hacia el Congreso del Estado o las alcaldías no encontramos mejores cartas de presentación, ex Diputados que cargaban gasolina y se iban sin pagar, que bailaban con burros, que pretendían irrumpir en escenas de crímenes, que daban el charolazo para librarse de la acción policial, que presuntamente desviaron dinero para ganar votos, ex lideres estatales que tuvieron que salir por la puerta trasera o mejor dicho por la ventana, un partido que no es capaz de garantizar buenos perfiles de los candidatos que postula, a los que impulsan bajo su emblema, son los factores que lo ha llevado a ser señalado y rechazado por los ciudadanos, son los mismos factores que le han abierto la puerta a partidos como Morena.
Asi llega el PRI de cara al 2021 y es claro que será muy complicado que logre mantenerse en la gubernatura, de posibles candidatos ni hablamos, tendría que ser alguien de honestidad tan probada, de presencia y liderazgo tan fuerte que logre pesar más que todo lo antes mencionado.
Ante eso, la estrategia del PRI podría ser negociar su derrota y capitalizarla en otros espacios, no sería raro, después de todo el PRI de Carreras ya lo hizo en la elección de la alcaidía capitalina en 2018 y aunque parece que eso significaría un golpe mortal para el tricolor, también sería la opción más viable y que le diera el tiempo de reconstruirse, para retomar la estructura, recomponerla y recomponerse.
Es eso o aventurarse a ir por la grande con riesgo de perderlo todo. Así la factura al PRI, un partido que pese a todo, cuenta en sus filas con grandes hombres y mujeres que siguen fieles a los principios de origen del Revolucionario Institucional, esperando que en algún momento se recomponga y sea el partido que ellos y que México merece.
Del gobernador Carreras lo mínimo que esperan los potosinos es que su mayor obra y compromiso con San Luis, si aún lo tiene, sea cuidar en manos de quién dejará a nuestro estado.

Vende caro tu amor…

Si hay un partido que llegará golpeado a la elección del 2021 en San Luis Potosí es, sin lugar a duda, el Partido de la Revolución Democrática.
Ese partido que nació como una opción de izquierda en nuestro país, con un poco del PRI, con un poco de allá, organizaciones, partidos y movimientos sociales pusieron de su cosecha para crear esa opción política. Sin embargo, la diversidad que lo conformó fue siempre también el punto de riesgo que lo llevó a constantes desencuentros, rupturas, partidos dentro del partido, etc.
Con todo, logró impulsar grandes transformaciones, ser contrapeso de gobiernos y tener liderazgos, entre ellos, el mismo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.
En nuestro estado, la historia de ese partido ha sido otra, pues ha estado permanentemente en riesgo, ha sido un botín y una tentación para muchos, que han buscado obtener todo de él, lo que se pueda, dinero, poder, sin estar interesados en fortalecer al partido.
Constantemente señalado por el dudoso uso de recursos públicos, vio sus mejores tiempos cuando logró tener como diputados locales a figuras como Eduardo Martínez Benavente y Juan Ramiro Robledo, a quien, tiempo después, le harían una mala jugada cuando fue candidato a Gobernador del Estado, pues pese a que hizo una buena campaña, su partido lo dejó con malas cuentas ante la autoridad electoral.
Y la historia reciente no ha sido diferente, pues fue tomado como medio para que unos cuantos pudieran ver concretadas sus aspiraciones políticas, cuando lo usaron como emblema para llegar a la alcaldía de Soledad y luego a la capital potosina, a las curules en el Congreso del Estado y hasta el Congreso de la Unión, pero que en cuanto vieron una mejor oportunidad de negociaciones políticas lo dejaron de lado, acabando con el espejismo que mostraba al PRD como una fuerza política en el Estado de San Luis Potosí.
Lo dijo claro la Diputada Federal Guadalupe Almaguer, una de las grandes figuras de la política potosina y parte de la fuerza que aún queda al partido del sol azteca, el partido no pertenece a una familia, pero durante un buen tiempo, si le perteneció.
La forma en la que se condujo el PRD en nuestro estado, debería ser un gran ejemplo para todos los partidos políticos de lo que no se debe hacer, de cómo se debe cuidar muy bien a quien se lleva a la dirigencia de los mismos, de cómo una alianza estratégica que pudiera en un primer momento resultar muy atractiva financieramente, a la larga puede ser una condena, de cómo el no apostar por liderazgos comprometidos con los ideales y principios del partido, los convierte solo en un eslabón que muchos quieren usar para llegar, pero que a la primera oportunidad de algo mejor, dejarán de lado.
El PRD en San Luis Potosí tuvo al frente a mercaderes que vendieron su emblema al mejor postor, dejando de lado a la gente que realmente tenía compromiso y convicción con sus ideales, y hoy paga el precio, pues de cara a la elección del 2021 no tiene candidatos o candidatas fuertes para buscar la gubernatura, ni la alcaldía, ni una diputación. Y aunque pareciera que la nueva corriente que hoy está al frente del partido del sol azteca tiene buenas intenciones, el tiempo no parece alcanzarles. Sumado a que aún están en el recuento de los daños, calculando cuántos dejaron el barco cuando estuvo en manos de los Gallardo y cuantos se fueron con ellos, en revisiones y auditorias de lo que ha quedado, juntando pedazos para tratar de rearmar al partido.
Podríamos pensar en la misma Guadalupe Almaguer como una posible candidata a la gubernatura por su capacidad, arrojo y convicción. Sin embargo, lo más factible hoy para el PRD sería jugar a negociar con otro instituto político que tenga mayores posibilidades y convertirse en un respaldo más que en punta de lanza.
Aún así, para sentarse a negociar deberá mostrar que tiene algo que ofrecer y eso por ahora, eso está en duda.

La ola Morena se diluye

En julio de 2017 Andrés Manuel López Obrador empujaba su proyecto, Morena, con todas sus fuerzas y recibía la respuesta que esperaba de la gente.
Por primera vez, después de tantas campañas, parecía que lograba el respaldo de sectores antes tan alejados de él como la iniciativa privada y de fuerzas sociales antes ligadas al Partido Revolucionario Institucional. Su discurso iba lleno de reclamos a los gobiernos pasados y al que estaba en turno, prometía el rescate de la industria petrolera, apoyo al sector turístico y a la par se reunía con gobiernos de América para buscar respaldo.
La estrategia le rendía frutos, a un año de las elecciones presidenciales, según las encuestas, Morena tenía el 19.37% de la intención del voto, seguido del PAN con 19.13 y del PRI con 14.96, muy lejos el PRD apenas lograba el 7.57.
En ese entonces López Obrador era el único candidato evidente y a diferencia de lo que se creía antaño, que quien se movía no salía en la foto, en el caso de AMLO la anticipación le caía bien.
En el PAN peleaban el hoy finado Rafael Moreno Valle y Ricardo Anaya, en el PRI había tantos tiradores que parecía imposible la unidad, José Narro, José Antonio Meade, Miguel Ángel Osorio Chong, Eruviel Ávila, Manlio Fabio Beltrones, entre otros. Mientras ellos se hacían trizas al interior de sus propios partidos, el único rostro visible, con aspiraciones al descubierto, con trabajo de campo y compromisos pactados de cara a la gente era López Obrador, iba por la libre y llevaba consigo a su Morena.
Un año después, el resultado en las urnas fue categórico. Mientras que casas encuestadoras como Consulta Mitofsky daban a López Obrador como ganador con entre 43 y 49% de la votación, terminó consolidándose con 53.19%.
La avalancha fue contundente, los partidos tradicionales, PAN, PRI, PRD, PVEM, MC, PANAL, sumaron menos del 50% de los escaños en la Cámara de Diputados, quedaron a merced del gran ganador, lo mismo pasó en el Senado.
Pero la gloria duró poco, muchos de los favorecidos por la ola de López Obrador se durmieron en sus laureles, al igual que las representaciones de ese movimiento en los estados, no trabajaron en crear estructuras, pensaron que el fenómeno de AMLO les sería eterno y se olvidaron de que él no estará en las boletas en el proceso de 2021, no calcularon el desgaste del poder, nunca esperaron que le tocara enfrentar crisis tan fuertes como la sanitaria y la económica y no apostaron por construir más liderazgos.
En el caso de San Luis Potosí Morena enfrenta un escenario por demás desolador, sin figuras representativas, una dirigencia estatal muy limitada, sin liderazgo, confrontada con sus diputados, quienes han resultado ser una gran decepción, empezando por Edson Quintanar envuelto en escándalos de manejo de recursos, de actuaciones arbitrarias y hasta lios de faldas, que a nadie importarían si no fuera porque pretendió usar su papel en el Congreso del Estado para conquistar a una mujer a cambio de darle trabajo en el legislativo.
Fuera del Congreso, Morena tampoco tiene cartas fuertes que le puedan dar una posibilidad en las urnas de ganar la gubernatura. Una opción, podría ser Leonel Serrato, quien ha demostrado ser un candidato combativo, por decir lo menos. Un hombre inteligente y de personalidad fuerte, pero por quien su partido no está apostando, no se ha trabajado en torno a él. Estos dos años desde la elección pudieron haber sido claves para que Serrato se convirtiera en “la figura” de Morena en nuestro estado, pero no fue así.
A quien parecía dársele toda la fuerza fue al súper delegado del Gobierno Federal, Gabino Morales, pero resultó ser solo llamarada de petate, pues opacado por los escándalos de presunta corrupción no ha logrado la presencia, ni el respaldo para convertirse en un candidato fuerte.
Según las casas encuestadoras como Massive Caller quien podría dar la batalla por Morena sería Esteban Moctezuma, actual Secretario de Educación del Gobierno Federal, pero no lograría ganar si enfrente le ponen a candidatos con más arraigo.
Todavía es temprano, pero es evidente que esa enorme ola que levanto López Obrador en sus vistas a San Luis Potosí, saturando plazas, enloqueciendo multitudes, logrando triunfos en las urnas, se ha desaprovechado y que lo que para muchos fue una buena opción para romper con la continuidad de gobiernos corruptos o decepcionantes, se ha ido difuminando por falta de trabajo desde lo local y por falta de liderazgos.
La mayor esperanza para Morena en San Luis Potosí es que la cercanía que ha mostrado el presidente Andrés Manuel López Obrador le alcance para generar respaldo a quien resulte ser su abanderado. Que en sus próximas visitas unja a algún aspirante y que la lealtad de sus simpatizantes se vea reflejada en las urnas, sólo así Morena tendría oportunidad de ganar la Gubernatura.
El tiempo dirá.

La incongruencia, otro síntoma del Covid 19

Recientemente fui invitada por La Coordinación Estatal para el Fortalecimiento Institucional de los Municipios a ofrecer una charla sobre comunicación efectiva, en ella planteaba que el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer, es justo lo que han hecho los diferentes niveles de gobierno en medio de la pandemia por el COVID 19.
A penas unos días después de la charla, nuestro estado se vio obligado a volver a semáforo rojo por el aumento en los contagios y muertes.
Pero ¿qué es lo que ha fallado en la estrategia de comunicación?
Veamos, el mensaje central que se ha mandado a la población ha sido claro, “quédate en casa”, pero aún así vemos que la movilidad no se ha reducido de manera significativa, por el contrario, cada vez son más las manifestaciones de diferentes sectores pidiendo que se les permita operar con normalidad.
El mensaje puede ser claro y estar científicamente sustentado, el problema es que no se tomó en cuenta que más del 56% de la población labora en condiciones de informalidad, lo que significa que viven al día, por lo que ese llamado de “quédate en casa” para ellos es inviable.
Pero si además consideramos que quienes laboran dentro de la formalidad enfrentaban uno de los años más complicados de la historia reciente en materia económica, entendemos que pedirles que dejaran de operar los ha puesto entre la espada y la pared.
Pero el problema no es solo ese, los datos de Google, Facebook y Twitter, que ha utilizado el Gobierno Federal para medir la reducción de la movilidad en medio de la pandemia, demuestran que gran parte de la gente que está en movimiento es por razones diversión, es justo este sector el que pone en evidencia la mayor falla en la estrategia de comunicación en medio de la crisis sanitaria.
Es increíble que con tales niveles de contagios y muertes haya personas que sigan creyendo que esto es un engaño, eso habla de una tremenda falta de confianza en las instituciones, pero es consecuencia de una tremenda incongruencia entre el decir y el actuar, de una serie de contradicciones en las que ha caído la autoridad y que nos dejan a los ciudadanos sin certeza de cómo enfrentar esta situación.
Como ejemplos podemos citar precisamente el exhorto a quedarse en casa, mientras que las autoridades no acataban el mismo, desde el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pasando por el mismo sub secretario López Gatell. A ellos se sumaron otras autoridades, gobernadores y alcaldes, incluso uno de la zona huasteca de nuestro estado, de hecho, del segundo municipio con mas contagios por cada 100 mil habitantes, que ponderando la estabilidad económica por encima de la salud, enviaron un contra mensaje a la población, incitándola a salir de paseo y reactivar la economía.
A eso hay que sumarle la falta de claridad sobre el momento en el que nos encontramos, cuando cada semana, cada día se nos decía que estábamos por alcanzar el pico máximo de la pandemia.
El uso del gel antibacterial y el lavado de manos recomendado para todos, pero exentando al Presidente, pues goza de inmunidad por ser una “fuerza moral”, como le llamó López Gattell.
El uso del cubrebocas en los espacios públicos. Todos recordamos como el Sub Secretario López Gattell, quien al comienzo señalaba que “no solo no es necesario, sino que es perjudicial porque da una falsa sensación de protección”. Bueno, ahora se ha convertido en un requisito para los espacios públicos, pero que no se cumple porque la misma autoridad no lo hace, ni la federal, ni la estatal, en las ruedas de prensa sobre los datos del Covid 19 en San Luis Potosí hemos visto a los funcionarios omitiendo el uso del cubrebocas.
Y ni que decir de los oportunistas que ya andan en campaña y que, sin importar las medidas de sana distancia y la instrucción clara de evitar eventos multitudinarios, arriesgan sin pudor la vida de los más necesitados y que no son sancionados de manera efectiva. Se ríen de la autoridad electoral con sus actos anticipados de campaña y se ríen de las autoridades sanitarias reuniendo adultos mayores y niños, mujeres embarazadas, todo por su hambre de poder y sin que la autoridad ponga orden.
No voy a cuestionar la estrategia sanitaria, eso toca a los expertos en el tema, lo que pongo en evidencia en estas líneas es la serie de fallas en la forma de transmitir los mensajes que nos pudieron haber puesto a salvo como población, cómo la incongruencia entre el decir y el actuar, la falta de convicción con respecto a las medidas asumidas, el miedo a las consecuencias, al costo político de un actuar más enérgico, son cuestiones que hoy nos llevan a esta falta de credibilidad por parte de los ciudadanos de por si, poco educados en cuestiones de bien común.
Con esto no justifico a las personas inconscientes que se ponen y ponen en riesgo a los demás, pero tampoco podemos ignorar las fallas de la autoridad que también nos han puesto en riesgo.
El que hoy San Luis Potosí tenga que volver a semáforo rojo es una verdadera vergüenza.
El manejo de esta crisis sanitaria queda como un ejemplo claro de lo que no se debe hacer frente a una situación de esta magnitud.

Fiscalía anticorrupción, un engaño más.

El nacimiento de la Fiscalía Especializada en Delitos Relacionados con Hechos de Corrupción en San Luis Potosí causó gran expectativa, principalmente porque ante escándalos como el de la Ecuación Corrupta y el Moches Gate, entre muchos otros, que parecían hechos por demás probados, se abría la expectativa de que los responsables al fin fueran castigados.
Al nombrar al frente de la misma a un personaje como Jorge Alejandro Vera, quien más allá de su apellido, era reconocido en el gremio político como un hombre honesto, con un buen paso por el Congreso del Estado y diferentes encargos, la esperanza crecía, pero la emoción duró muy poco y la realidad fue decepcionante para todos, menos para los corruptos.
De acuerdo con la Ley Orgánica de la Fiscalía General del Estado, Corresponde a la Fiscalía Especializada en Delitos Relacionados con Hechos de Corrupción, la atención, investigación, litigación y persecución de aquellos delitos de su competencia, así como cumplir con autonomía técnica con todas las obligaciones impuestas por la Constitución del Estado y todas las disposiciones del Sistema Estatal Anticorrupción. Sin embargo, el primer obstáculo fue la falta de marco normativo y cuando esto se resolvió, derivó en una de tantas limitaciones que ha tenido que enfrentar. Sin presupuesto, sin autonomía, sin personal, y desde finales de enero de 2020 sin titular, tras la renuncia de Vera Noyola, la fiscalía es una dependencia de membrete y nada más.
Pese a que la ley también establece que La Fiscalía Especializada en Delitos relacionados con Hechos de Corrupción contará con unidades administrativas, elementos de policía de investigación, peritos, así como recursos necesarios para el desempeño de sus funciones, pareciera no haber interés de darle operatividad, y eso ha quedado en evidencia tras la dilación para nombrar al nuevo titular.
No fue por el Covid 19, ni por las medidas de distanciamiento social, ha sido evidente que no hay prisa ni por parte del Gobernador del Estado, ni de los Diputados, de avanzar en este tema.
Recién esta semana se confirmó que, al fin, después más de 5 meses desde la renuncia de Vera Noyola al cargo, el Ejecutivo envió una terna de candidatos a Fiscal Anticorrupción.
Y aunque algunos diputados se desgarraron las vestiduras por la tardanza de más de 150 días por parte de Juan Manuel Carreras, lo cierto es que el Legislativo tampoco le ha dado prisa, ni ha presionado, ni ha mostrado interés.
La terna que ahora está sobre la mesa está integrada por Leticia García Torres, Xóchitl Martínez Calderón y Felipe Aurelio Torres Zúñiga.
Leticia García es la jugadora de casa, pues ya forma parte de la Fiscalía General del Estado, mientras que Xóchitl Martínez se ha desempeñado en el Poder Judicial, al igual que Felipe Aurelio Torres. Sin embargo, tanto García Torres como Martínez Calderón llevan ventaja, al menos ante la opinión pública, pues varios sectores como el gremio de los abogados, se han pronunciado a favor de que el próximo fiscal anticorrupción sea una mujer.
Los diputados tienen ahora 30 días para analizar las propuestas y someterlas a votación del Pleno del Congreso del Estado, pero ya no hay emoción por parte de los ciudadanos al respecto, la credibilidad y confianza en ese órgano se esfumó hace mucho y lo cierto es que, tras la renuncia de Vera Noyola, quien salió denunciando un montón de obstáculos que le impedían hacer su trabajo, nada ha cambiado, es decir, que quien llegue al encargo se enfrentará al mismo escenario, una serie de hechos que presumen la comisión de delitos relacionados con corrupción, desde los ayuntamientos, hasta las diferentes áreas del mismo Gobierno del Estado, que se han denunciado en varios medios de comunicación, con elementos que parecen más que probatorios, y a la resistencia institucional a que sean castigados.
Y el que no haya interés en fortalecer los mecanismos anticorrupción lo único que nos hace pensar a los ciudadanos, es que se debe a que hay un mayor interés en mantener y procurar un ambiente de impunidad, e incluso de protección para quienes cometen actos de corrupción. ¿Por qué estarían, tanto el ejecutivo como el legislativo, tan interesados en que la fiscalía anticorrupción no funcione?
Vale la pena estar atentos.

LA CARRERA POR LA SILLA

Se acaban de cumplir dos años de que Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia de la República y recordamos cómo, en cuanto reconoció su triunfo, su antecesor Enrique Peña Nieto, desapareció por completo del ejercicio del poder.
Dicen los que saben, que en la política ese es un síntoma recurrente, entre más ausente el gobernante en turno, más temprano empieza la sucesión. En el caso de San Luis Potosi no es de extrañar que desde hace tiempo haya comenzado la carrera por la gubernatura, pues el gris gobierno de Juan Manuel Carreras ha dado lugar a que, aunque su gobierno termine hasta 2021, desde hace por lo menos 3 años ya se habla de su sucesor.
Muchos son los nombres que se manejan como posibles, entre ellos hay quienes comenzaron campaña recorriendo las diferentes zonas del estado, o quienes aprovechando que tienen algún cargo también se promocionan, sin importar lo que diga la autoridad electoral.
La silla se ve vacía, Carreras no logra mostrar liderazgo ni en su propio gabinete, mucho menos el respaldo de las diferentes bancadas en el Congreso del Estado que le permita gobernar y enfrentar las eventualidades como la emergencia por el Covid 19.
En su propio partido hay quien pide desmarcar al PRI de su gobierno, si es que se quiere tener alguna oportunidad en las próximas elecciones.
Hasta ahora la caballada priista se ve flaca, el partido está desgastado, desprestigiado y no apuesta por nuevos perfiles, al contrario, se aferra a quienes le dieron viejas glorias pero que hoy difícilmente harán cosquillas al efecto Morena.
Pero el resto de los partidos tampoco ofrecen un menú atractivo de nombres que puedan motivar a la ciudadanía a creer qué hay esperanza. López Obrador ya no estará en la boleta, ya no habrá efecto en cascada y Morena en San Luis Potosí no parece tener muchas opciones, su hombre más fuerte tiene un buen perfil pero poco arraigo y tiene en contra el factor de su residencia. Por otro lado, quien parecía ser el hombre de Morena, a quien el mismo López Obrador defendió en un evento público, ha quedado manchado por los señalamientos de irregularidades en su actuar, en contra de la bandera principal de ese partido, de honestidad y combate a la corrupción. Sin embargo Morena tiene una tercera opción en sus filas, un hombre que ha demostrado que es un gran candidato, combativo, pero a quien su partido no parece estarle dando el impulso que necesitaría si es que quiere buscar la gubernatura y para ello, ya es tarde.
Del PAN aún no hablemos, hay más nombres de aspirantes que personajes en la lotería. Su elección interna no será fácil, y seguramente, como ya lo han demostrado, el gran reto estará en salir vivos de ese proceso, muy difícilmente habrá unidad y por ende, si finalmente su candidato no logra el apoyo de los panistas menos conseguirá el del resto de los electores. El PAN podría, otra vez, perder la elección antes de llegar a ella.
El PVEM por su parte, podría ser ahora lo que fue el PRD en las últimas elecciones, el emblema que requiere un grupo para tener su partida en el juego electoral, un simple membrete que requieren quienes aspiran a ir por la grande después de haber tomado a Soledad de Graciano Sánchez como su bastión.
Y el resto de los partidos jugarán a ver de quien sacan la mejor tajada, quien es el postor que ofrece más por sus alianzas, sin lealtades, como simples mercaderes de unos cuantos votos que ofertarán garantizando que pueden hacer la diferencia.
Estamos todavía lejos de la elección del 2021 los partidos políticos aún están a tiempo de cuidar bien los perfiles de quienes llevarán a los cargos, de quienes nos presentarán a los ciudadanos como sus mejores candidatos y candidatas, ojalá sean por lo menos responsables y serios con sus propuestas.

Prohibido enfermarse

El acceso a la salud en México es una utopía. Las omisiones de quienes gobiernan condenan a muerte a los mexicanos.

Erika Salgado

Los datos que este martes dio a conocer la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado de San Luis Potosí son muy graves, mil 843 casos acumulados de coronavirus, lo que significa 112 nuevos contagios en un sólo día, además de 117 muertes por esta pandemia, cuatro en las últimas 24 horas. Mientras los casos se suman, la crisis en el sector salud se agrava.

El sistema de salud en nuestro país ha estado emproblemado desde hace muchos años y ha ido de mal en peor, no sólo por una mala administración y por la falta de decisiones acertadas por parte del área gubernamental, también por la creciente demanda de atención.

De acuerdo con datos del INEGI el 82% de la población en México cuanta con acceso a los servicios de salud, puede ser una cifra optimista en los informes gubernamentales, pero no lo es en la realidad, pues significa que 18% de los mexicanos no tienen forma de atenderse en caso de enfermar, pero además refleja el tamaño del reto para los servicios de salud de atender a ese nivel de solicitantes de atención médica y hacerlo, además, con calidad.

En 2018 el IMCO presentó un estudio muy completo titulado Pequeños Pasos para Transformar al Sistema de Salud, que presentaba un diagnóstico muy puntual de lo que le duele a nuestro sistema de salud. Ahí, por ejemplo, se citaba que solo el 61% de las personas con diabetes, hipertensión y dislipidemia que acudieron a los servicios estatales de salud salieron con todos los medicamentos, 39% de los pacientes fueron atendidos, diagnosticados, se les indicaron medicamentos y se fueron con las manos vacías porque sus tratamientos no estaban disponibles.

En ese estudio también se cita que México es el segundo país de la OCDE con el mayor porcentaje de gasto del bolsillo de los ciudadanos en salud, a tal punto que para una familia promedio, el que uno de sus miembros padezca una enfermedad crónica puede condenarla a caer en pobreza. IMCO plantea varios ejemplos, en caso de que un miembro de una familia enferme de leucemia y no tenga acceso a un servicio de salud o en ellos no pudieran ofrecerle el tratamiento que necesita, la familia tendría que erogar un promedio de 875 mil pesos al año, muy por encima del ingreso promedio anual de una familia en México, que asciende, según datos del INEGI, a algo así como 199 mil pesos. En una situación como esta, sería para esa familia imposible solventar el gasto. Por lo que el derecho a la salud sigue siendo solo una utopía en nuestro país, pues está condicionado a la economía.

En el caso de los que sí tienen acceso a un servicio de salud, el escenario no es mejor, pues, por un lado, el presupuesto para el sector salud ha decrecido significativamente en los últimos años, mientras que la demanda de atención ha aumentado. Los tiempos de espera para recibir la atención necesaria son muy prolongados en todos los sistemas, sea IMSS, ISSSTE, Centros de Salud, el personal médico y administrativo está superados por la cantidad de pacientes, los insumos no son suficientes y los espacios están deteriorados y no son los óptimos.

En medio de la pandemia por COVID-19 esto ha ido empeorando, porque para el sistema de salud significa lidiar con la demanda habitual y sumar las necesidades especificas de atención por este nuevo virus.

El sistema está colapsando, como muestra lo que evidenciaron esta semana los trabajadores del Hospital General del ISSSTE de Carlos Diez Gutiérrez, espacios comunes saturados, instalaciones deterioradas, pocas medidas de higiene, violaciones a las medidas básicas de control de Covid-19, riesgo de contagio por todas partes, para ellos y el resto de los pacientes. Esto se suma a lo que confirmaba esta misma semana el Doctor Miguel Ángel Lutzow, vocero del Comité de Salud, 114 miembros del sector salud en SLP se infectaron en sus lugares de trabajo.

Cuando conocemos estos datos, nos damos cuenta de la urgencia de reformar al sector salud para que no sea un riesgo ni para los pacientes ni para el personal que labora en él. La clave es la inversión y la buena administración, porque sumado a la falta de recursos, administración, tras administración siguen surgiendo los casos de corrupción en el ejercicio de los recursos públicos destinados a salud y en esta, no ha sido la excepción, ni al nivel federal, ni estatal.

Ante esto, IMCO recomienda desde hace años, entre otras cosas:

1. Lograr una reforma profunda que garantice el acceso a los servicios de salud a todos los mexicanos.

2. Crear métricas de calidad en los servicios de salud.

3. Diseñar una política nacional de datos de salud que incluya al sector privado y permita la medición de resultados.

Urge que se reformen los servicios de salud, la pandemia del COVID-19 es sólo una de las muchas amenazas que enfrentamos, está la obesidad, la hipertensión, la diabetes, el cáncer y en las condiciones actuales, las omisiones gubernamentales y de la clase política, están condenando a muerte a miles de mexicanos.

Y el presidente, lo sabe, lo sabe… es el BOA

Este 9 de junio en la mañanera del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador se denunció la existencia de un grupo denominado Bloque Opositor Amplio, BOA por sus siglas, cuyo objetivo, según un documento del que no se clarificó el origen, es desplazar a Morena en 2021 y revocar el mandato del presidente en 2022.

En el presunto bloque estarían participando empresarios, organizaciones civiles, Gobernadores de 14 entidades, ex presidentes, legisladores, Consejeros del INE, Magistrados, líderes de partidos políticos, medios de comunicación y comunicadores, casas encuestadoras, entre otros.

Aunque el presidente dijo que se trata de algo normal, la confrontación de ideas, y que es bueno dejar la simulación, “están cayendo las máscaras”, no dudó en declararlos enemigos, “o se está con la transformación o se está con el antiguo régimen”, sentenció. Sin embargo, el mismo López Obrador reconoció que en política no todo es blanco y negro, hay matices y hay que agregar que tampoco hay muchas cosas nuevas en la dinámica política, hay un fenómeno cíclico en la historia de nuestro país.

Las conspiraciones opositoras al poder en turno han estado presentes en nuestro país desde tiempos tan añejos como las luchas entre los grupos indígenas, la conquista, la Independencia de México. Sectores inconformes con un dominio, uniéndose para buscar una transformación. Cada cambio de gobierno en la historia de México ha estado ligada a una conspiración.

En la historia más reciente lo vimos con el TUCAN (Todos Unidos contra el Acción Nacional), el TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo) y ahora, según el presidente, el BOA.

Pero pretender dejar al descubierto que este tipo de movimientos se están gestando no tiene nada de provechoso, a nadie sorprende que ex Presidentes estén buscando “tumbar” a López Obrador, él hizo hasta lo imposible por tumbarlos a ellos, tampoco resultan extrañas a la opinión pública, las diferencias que se mantienen entre la Presidencia de la República y varios grupos empresariales, de igual forma es del dominio público que varios gobernadores se han confrontado con el Presidente por las políticas económicas, las estrategias de salud frente al COVID, por el reparto de los recursos públicos, etc. Esta exhibición lo que deja al descubierto, es la falta de cercanía y de acuerdo con estos sectores.

Ningún gobernante en sus cabales puede pensar que no tiene opositores o que no tendrá competencia política, eso es natural en una democracia y así lo reconoció el mismo López Obrador este martes.

Pero una cosa es saberlo y otra es que se hace frente a esa oposición. La exhibición de la mañanera dio luz de cómo se asume la competencia política por parte de la Presidencia, de cómo la estrategia para contrarrestar es la polarización, el linchamiento público para todo aquel que piense diferente y peor si se atreve a ponerlo de manifiesto, porque entonces es considerado enemigo de la 4T, y por ende, enemigo del pueblo.

Esa es la estrategia de López Obrador, la polarización, así logró llegar a la Presidencia de la República, pero no es lo mismo, apostar por la división desde la oposición que hacerlo desde el gobierno.

Desde el gobierno se corre el riesgo de que haya quien del río revuelto saque ganancia y lograr esa ganancia desde el poder, es muy complicado.

Si es que ese famoso bloque opositor existe, llevarán en su intento la penitencia, el riesgo de que las cosas no salgan cómo quieren o terminar aliándose con el enemigo para lograr derrocar a un gobierno y conociendo la historia de México, alianzas como esas nunca resultan bien para los involucrados, pues siempre terminan confrontados entre sí por el poder.

Pero desde el Gobierno Federal también deberán ser muy cautos, pues algo quieren decir esas voces, y no todas están buscando el poder por el poder, el regreso de los conservadores. El eco que están teniendo los inconformes es cada vez más fuerte entre la población porque hay un buen sector que ni con los blancos, ni con los giros, ni con los colorados ha encontrado la representación que busca.

Seguro que hay mucho que escuchar y que atender de lo que hoy clama ese pueblo justo y sabio. Que no sea el poder un muro que impida ver que hay quien piensa distinto sin ser enemigo, que hay quien cuestiona esperando construir y no destruir, que hay más necesidades ciudadanas que intereses políticos y que son esas, las que deben interesar a quien gobierna, desde la Presidencia, desde el estado o desde el municipio.

Como dice la canción, que hay oposición al gobierno en turno, todos lo saben, lo saben.

Manos arriba, no disparen

No puedo respirar, clamaba por su vida George Floyd, pero sus súplicas no significaron nada para los policías que lo sometían y que terminaron asesinándolo. La polarización social nos ha deshumanizado y el odio, le ha abierto la puerta a gobernantes que, en otras condiciones, nunca hubieran logrado convencer a los electores.

¡Manos arriba, no disparen! Es el grito de un pueblo que teme más a la reacción de su policía que a cualquier otra cosa, y tienen razones para desconfiar, pues las historias de racismo y abuso policial han sido tantas que el pueblo, más cansado que asustado, ha salido a protestar.

La discriminación y el racismo en Estado Unidos de Norteamérica es un asunto histórico y ha pasado desde la esclavitud, las leyes y normas discriminatorias hacia las comunidades de diversidad racial, pasando por los linchamientos públicos, los asesinatos impunes, las encarcelaciones injustas y los abusos.

Hoy la llama que ha avivado una mecha que nunca se apagó se llama George Floyd, asesinado por policías que, tras haberlo detenido por parecerse a un hombre denunciado por tratar de usar un billete falso en un negocio, lo asfixiaron mientras él suplicaba por su vida. Todo quedó grabado en video, o en videos, que le han dado la vuelta al mundo.

Habitantes de más de 75 ciudades norteamericanas han salido a mostrar su indignación. Y algunos estudiosos del tema han equiparado los disturbios que han acompañado algunas de estas protestas con los que ocurrieron a partir del 4 de abril de 1968, día en que fue asesinado Martin Luther King Jr., líder en la lucha por los derechos civiles en EE.UU.

Pero este grito clamando JUSTICIA, ha encontrado un eco tremendo, no sólo entre la población de color, los negros, como les llaman, muchas comunidades se han sentido identificados en ese clamor, porque el racismo y la discriminación han tocado duramente a los latinos, judíos, asiáticos y en general, a los inmigrantes, legales o ilegales, irónicamente en un país formado por la migración.

El sectarismo también ha tocado a las comunidades de diversidad sexual, a quienes profesan una religión distinta a la mayoría y la “supremacía racial” ha servido de pretexto para actos abominables y hasta salvajes.

Este mensaje de intolerancia ha sido alimentado y tomado por bandera por el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien lo ha visto como una estrategia política para ganar elecciones, para dividir a la comunidad, para apelar al estereotipo aspiracional contra el que nadie, que quiera ser aceptado socialmente, iría. Por eso, en las ultimas elecciones vimos a latinos, a personas de origen mexicano, apoyando la construcción de un muro en la frontera con México, apoyando a Trump y a sus políticas antimigrantes.

Para Haney López, investigador de la Universidad de California, “El racismo está siendo utilizado como arma por un presidente que representa los intereses de multimillonarios como él” y que saca partida de la división y la confrontación social, así ganó la elección, enfrentado a los ciudadanos entre sí, ya lo decían Julio César y Napoléon divide et impera o divide y vencerás.

Desde México volteamos al norte y sentimos esa realidad lejana. Sin embargo, la polarización social también es una apuesta de políticos locales, con todos los riesgos y costos que sociales, económicos y en término de libertades, que trae consigo.

Y hoy nos vemos, en todos los escenarios, gobierno contra los medios, medios contra gobierno, gobierno contra empresarios, trabajadores contra empleadores, fifís contra chairos, los que se quedan en casa y los que no, cualquier reto actual es motivo de polarización.

No se trata de diversidad ideológica, esa es valiosa y productiva, se trata de odio, de rencor, de batallas a muerte que se libran en las redes sociales, de intolerancia pura que no abona a un ejercicio democrático, porque los linchamientos públicos son cosa de todos los días, porque no hay una sola estrategia gubernamental, empresarial o de la sociedad civil que pueda trascender con este nivel de polarización, que sólo sirve a los intereses de unos cuantos pero que pone en peligro a nuestro país.

Los malos políticos sacan tajada de nuestros enfrentamientos, pero a los ciudadanos no nos sirven de nada, la intolerancia atenta contra la democracia. Un pueblo dividido, es un pueblo que no puede gobernar y que es entonces, fácilmente sometido, está en la historia de nuestro país.

No se trata de que no existan diferencias, se trata de generar debates de altura, en términos de respeto y con el objetivo de construcción de soluciones, se trata de realmente involucrarnos, EDUCARNOS en democracia y en el ejercicio de nuestros derechos y libertades y de las responsabilidades que vienen con ellos.

Justo lo dijo el hermano de George Floyd: Hagamos esto de otra manera. Dejemos de pensar que nuestra voz no importa y votemos. No sólo por el presidente… hay que educarnos y saber por quién estamos votando. Con educación vamos a darles.

Odio decir se los dije, pero se los dije…

Cada legislatura se dice que es la peor y siempre llega una capaz de decepcionarnos

Cuando en 2017 se creó la Unidad de Evaluación del Congreso del Estado, no fueron pocas las voces que advirtieron que no iba a funcionar.

Había razones de sobra para desconfiar, la idea de poner a un órgano a revisar si la Auditoría Superior del Estado cumplía o no a cabalidad su labor de revisar si se aplican o no los recursos públicos de manera correcta, y luego servir de asesor a los diputados locales en la revisión de las cuentas públicas, no solo parecía un retrabajo tremendo, en términos de productividad, además parecía innecesario y absurdo, aún y cuando sea un modelo que aplique en otras esferas, eso no garantiza que sea adecuado. Se trataba, ni más ni menos que crear a un vigilante que vigilaría al vigilante.

Pero además, cuando se nombró como titular de la misma a Hector Mayorga Delgado, quien había salido de la Auditoria Superior del Estado en medio del escándalo y acusado de solapar irregularidades en el manejo de los recursos públicos y obedecer a intereses políticos, el chiste parecía contarse solo.

Por si fuera poco, hubo diputados que aseguraron que la Unidad de Evaluación serviría para quitar el sesgo político en la revisión de las cuentas públicas, cuando bien sabemos que al contrario, el intermediario entre la ASE y los legisladores le metía más presión política, cuando sabemos además, que ha sido una gran tentación para los diputados meter las manos en la fiscalización de los recursos, no porque quieran vigilar que se apliquen de manera correcta, al contrario, porque tener la atribución de palomear o tachar administraciones municipales y a la estatal les da un tremendo poder político, cómo olvidar la ecuación corrupta.

Con el cambio de legislatura no cambió la situación de la Unidad de Evaluación y Control, que no acaba de tomar forma ni de encontrar su manera de operar, tampoco el cambio de titular le ha servido para encontrar la cuadratura, sigue perdida y ni los mismos diputados son capaces de coincidir en para qué sirve y cómo opera.

Tuvieron la oportunidad de darle claridad antes de nombrar a un nuevo titular pero decidieron no hacerlo, total si sirve o no, es lo que menos parece importarles, ahí está el dinero de los ciudadanos para seguir patrocinándola.

Pero esto ya se había advertido y todas esas voces que en su momento señalaron que esta Unidad sería un total fracaso, hoy pueden decir: se los dije.

Hoy la lucha en el Congreso del Estado es para apoderarse de ese sitio, los partidos político están a las arrebatiñas como con el resto de los puestos en el Legislativo, no porque quieran dictar una dinámica de trabajo, sino porque eso les da poder, les permite colocar a sus afines, como lo ha denunciado la Diputada Sonia Mendoza, dar chamba a sus cuates y tener un mayor dominio en el Legislativo.

Pero que su ambición y falta de profesionalismo no nos sorprenda, si estamos hablando de diputados que no se levantan de su cama para sesionar, qué seriedad podemos esperar de ellos.

Cada legislatura se dice que es la peor y siempre llega una capaz de decepcionarnos, la pregunta es ¿hasta cuándo lo permitiremos? y ¿de qué tamaño será la factura que los ciudadanos le pasen a los partidos políticos en las próximas elecciones? cuando ya nos mostraron cuáles son los perfiles que llevan a lugares de tan alta responsabilidad cómo una Diputación local. Ya veremos cómo les va. Porque dicen por ahí que la diputación local es un cargo que dura tres años pero la vergüenza dura toda la vida… si es que la conocen.